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+58 VZLA.MP4

Collective Video Exhibition

Analy Trejo

Fabián Rodríguez

Manuel Vásquez-Ortega

Eliseo Solís Mora

Jesús Briceño

Juan Diego Pérez La Cruz

MAx Provenzano

Érika Ordosgoitti

Manuela Armand

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+58 Vzla.mp4

Por Elizabeth Marín Hernández

Curadora e investigadora, docente de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela.

 

La compleja situación por la que atraviesa Venezuela, actualmente, posee diversos puntos de inflexión que la han conducido a la crisis más relevante de su historia contemporánea. Crisis en la se expresa el quiebre de una nación en medio de la promesa de un bienestar y de un desarrollo cada vez más lejano. Venezuela se ha convertido en un territorio irreconocible, un espacio doloroso, lleno de recuerdos de lo que fue y con un temor manifiesto en lo que está por venir.

Espacio, último, en el que se expresan reflexiones provenientes del campo de las artes visuales, específicamente del campo del videoarte, como medio de visualización y de comunicación de nuestras problemáticas, a través de puestas en escena en las que subyacen profundas preocupaciones por el espacio de arraigo y de lo que en él se revela desde subjetividades afectadas por las ambiguas verdades de una nación dañada.

+58 Venezuela.mp4 se centra en la selección de expresiones visuales, digitales, que narran al país desde visiones individuales, pero que encuentran su asidero en este territorio desde una llamada posible. De allí, el +58 código de acceso de llamada al país. Un país que es interpretado desde una diversidad de posturas, expresadas en el formato mp4, capacitadas para hablar de sus problemáticas, de la necesidad de un orden que parte de la precariedad impuesta, que ha conducido a artistas como Analy Trejo (1986, Mérida-) a la elaboración de órdenes, en los que materiales reciclados, cuidadosamente ubicados, acomodados nos hablan de la labilidad de las estructuras que han sostenido la promesa moderna venezolana en su fragilidad y en su ausencia.

Algo de resaltar en la historia del arte y social venezolana es la impronta cinética como promesa o señalamiento de modernidad y de desarrollo del pasado siglo XX. Hoy de ella solo nos queda la interpretación y el recuerdo. Es allí en ese punto, donde la visión del movimiento se ha tornado extraña, cotidiana, diáfana y a la vez lejana, tal como se muestra en el vídeo realizado por Fabián Rodríguez (1979, Mérida-) en lo que lo penetrable se manifiesta como hecho de existencia.

Incumplimiento, precariedad, ausencias que marcan a otro tipo de abstracciones cargadas de dimensiones sociales y que son captadas en medio del movimiento de los vendedores ambulantes que día a día, de manera repetitiva, movilizan sus inestables transportes de mercancía que como volúmenes geométricos son vistos a través de la rejilla lineal del observante lejano. Líneas y volúmenes sociales que Manuel Vásquez-Ortega (1994, Villa de Cura-) conduce ante nuestra mirada en una continua movilidad, un ir y venir de la fragilidad humana.

Sobre esas interpretaciones de nuestra modernidad no cumplida ahora determinada en su caducidad, Venezuela tomó la opción del salto al vacío, en medio de la búsqueda de una nueva promesa. Promesa que ha constituido la pérdida de todo tipo de orden, de valor y de sentido basado en la obstinada idea de la refundación de la república. De allí, que Eliseo Solís Mora (Upata, 1978- ) escenifique en sí mismo ese salto al vacío, en medio de un cuerpo, el suyo, concebido como cuerpo social, ante un desfigurado líder, ya inexistente.

Salto que nos ha dejado una nación dañada, en todos los sentidos de lo que la misma pueda significar, y donde los conos monetarios van y vienen, generando una inestabilidad permanente, en la cual monedas y billetes se convierten en los símbolos de una sociedad devaluada y decadente visualizada por Jesús Briceño (Caracas, 1985), de la que emigran miles de venezolanos diariamente ante un territorio que te destruye, que te golpea, tal como puede verse en el intencionado enemigo invisible que derrumba continuamente al cuerpo de Juan Diego Pérez La Cruz (Maracaibo, 1986- ) ubicado en medio de una lucha que proviene de un lugar imposible de asir, del que sientes su agresión y del que solo tienes una presencia intangible.

Venezuela se ha convertido en un territorio de sobrevivencia, agresivo, violento con el cual convivimos en la interioridad de una relación de amor-odio en permanente tensión, y donde los lenguajes performáticos son los idóneos para plantear a la misma. Relación que es expresada en la pureza del formato visual en MAx Provenzano (Caracas, 1986- ) por medio de una sensualidad angustiante y obligada en su dependencia con el elemento que marca la amenaza permanente con la vida.

Vidas, como las venezolanas, que se encontraron, en un corto tiempo histórico de su contemporaneidad, con el abandono de todo sistema de desarrollo y de bienestar en medio del salto al vacío en el que una y otra vez se reproducen las angustias de nuestras existencias aún rodeadas por una fantasía petrolera, ahora en ruinas tal como lo expresa Érika Ordosgoitti (Caracas, 1980) al colocar el lenguaje y la enunciablidad de nuestras problemáticas sobre el denso liquido negro.

Venezuela vive hoy los tiempos más críticos de su historia, manejada en medio de ambigüedades, de verdades y mentiras a medias, de juegos de poder y de sumisión, en los cuales debería establecerse la reflexión necesaria sobre lo que nos sucede y el porqué de esto. Todas las sociedades suelen transitar por complejos procesos de transformación, algunos dolorosos y otros no. Procesos que siempre estarán allí, como las nubes que lentamente transitan por los cielos, cambiándolos de una manera casi imperceptible y que para notarlos se necesita de una observación paciente y serena.

Y es allí donde los pasos de nuestra enrarecida atmosfera nacional deben ser reflexionados, en esos tránsitos a los que hemos sido sometidos, y que por su movilidad abrupta se tornan insostenibles. Tránsitos que debemos concebir como efímeros, así como nos lo deja ver Manuela Armand (1982, Mérida-), pues ellos siempre estarán. De nosotros, como sociedad, depende comprenderlos, solucionarlos, crecer con ellos, y de ellos, en sus imperceptibles movimientos, tal como se configuran los tiempos largos y cortos de nuestra historia, extraer la necesaria consciencia de lo que somos, de lo que seremos, para evitar repetir los mismos errores.

VIDEOS

  1. Analy Trejo: Orden # 3 (Cartón) (2018)

  2. Fabián Rodríguez: Penetrable (2013)

  3. Manuel Vásquez-Ortega: Ciudad Campamento (2018)

  4. Eliseo Solís Mora: Salto al vacío (2018)

  5. Jesús Briceño: Simulacro de sociedad (2016)

  6. Juan Diego Pérez La Cruz: Himno nacional de Venezuela (2018)

  7. MAx Provenzano: Epístola (2016)

  8. Érika Ordosgoitti: Los perros siguen ladrando (2016)

  9. Manuela Armand: Efímeros (2018)