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INJERTOS

Solo Show

Carlos Colín

Opening: 08_03_2019

Closing: 09_30_2019

—INJERTOS

Por: PhD. Diana Perozo

Profesora emérita, investigadora en filosofía de la educación e interculturalidad.

 

La RAE entiende por injerto un ‘órgano o fragmento de tejido vivo que se implanta en una parte del cuerpo para reparar una lesión, o con fines estéticos’, al artista Carlos Colín (Guadalajara, 1980) le interesa indagar sobre el concepto del injerto desde una aproximación barroca. Desde su perspectiva, existen variaciones sobre una descripción precisa del término que no ayuda a conocer las particularidades de esta estética que se arraigó en una visión sobre “lo Latinoamericano.”

 

Según el artista el barroco no es un injerto, pero si una implantación que lesiona al cuerpo. De esa lesión, deviene una cicatriz estética híbrida y singular, altamente ornamentada y ‘oropelizada’. La identidad se vuelve un proceso de constante construcción, que precisa de injertos una y otra vez, inclusive cuando no son necesarios. En este proyecto que Colín realiza para Aramauca – Plataforma para el Arte Contemporáneo, presenta objetos seleccionados desde la diáspora en la cual trabaja y vive, injertados y mezclados con elementos locales de San Cristóbal de las Casas.

 

El Barroco, más allá de ser una corriente estética, es una cultura que se expandió desde la Europa de la Contrarreforma, hasta los Virreinatos de América entre los siglos XVI y XVIII, su capacidad para implantarse en nuevos territorios -como ocurrió en México tras la conquista-, convierten al barroco en un estilo artístico, arquitectónico y literario mutable, que opera desde una estructura en la que lo divergente, inestable, complejo y en permanente situación de ruptura y reconstrucción, desdibuja las fronteras entre las cosas.

 

Esta cultura indeterminada y llena de contrastes, se transformó en un escenario idóneo para el desarrollo de identidades, el barroco dejó una impronta tan profunda y densa que ya en el siglo XVIII, muchos movimientos indígenas se apropiaron de sus símbolos, utilizándolos como bandera de sus demandas sociales. Sobre este sincretismo que perdura hasta hoy, reflexiona Colín a través de una serie llamada ‘Para Z´otz’, consistente en 13 animales de lana proveniente de las comunidades tsotsiles de la zona con injertos de barro. Esa mezcla, otrora forjada desde las tradiciones europea e indígena, es el sustrato de investigación desde el cual el creador observa los meandros estéticos y político-sociales de la creación artesanal en Chiapas; se trata de injertos culturales que se han ido dispersando de manera constante y agresiva sobre la identidad, y la forma de producir o comprender lo local, lo propio.

El característico aspecto visual de la experiencia mística que trajo el barroco y la exuberancia de las artes -con un exceso de ornamentación-, generaron un territorio mestizo manifestado en todos los aspectos de la vida cotidiana en los Virreinatos. El cuerpo como instrumento político y social no escapa a tal realidad, el mestizaje trajo consigo ideas exógenas respecto de la concepción del cuerpo desnudo, transformándolo, pero en este caso en algo antinatural signado por la moral cristiana, el proceso de conquista planteó una dicotomía entre el cuerpo libre pensado desde la concepción de los pueblos originarios en contraposición a la razón occidental, que los cataloga como ‘salvajes’ en virtud de la ausencia de vestimentas ‘apropiadas’ para su criterio.

 

Colín, plantea una idea del cuerpo puro y original, a través de su instalación ‘¿Y qué es el cuerpo sino un injerto?’, en donde cientos de partes del cuerpo humano en distintos tamaños, realizadas con piezas de fieltro de colores son dispuestas de forma libre, para que el público construya a partir de ellas un cuerpo propio, múltiple, diverso, en una visión supra dimensional del mismo como espacio en permanente transformación y capaz de complejizar relaciones formando un todo indisoluble, lejano a la fragmentación propuesta desde el eurocentrismo.

 

Según lo expresa Gilles Deleuze, ‘si el barroco ha instaurado un arte total o una unidad de las artes, lo ha hecho en primer lugar en extensión al tender cada arte a prolongarse e incluso a realizarse en el arte siguiente’, esta conocida transición entre pintura-escultura, escultura-arquitectura y arquitectura-urbanismo propia del arte barroco ha impregnado México desde hace siglos y Colín, tiene varios años  indagando sobre los fundamentos filosóficos de la cultura barroca y su influencia sobre lo latinoamericano, hacia lo cual tiene gran sentido de pertenencia.

 

Con ‘Injertos’, Colín se aproxima a estas temáticas, desde una visión amplia, contemplando una lectura contemporánea del barroco, en donde los debates sobre el mismo implican considerar los estudios poscoloniales, la modernidad y posmodernidad, la interculturalidad y el latinoamericanismo, entre otras corrientes de pensamiento, todos ellos influenciando su práctica artística lo cual le ha permitido tener una voz crítica sobre su propia historia.